En mis tiempos ser punk no se limitaba a vestir con ropas punks, botas negras, mezclilla rota, parches o escuchar a ciertas bandas. Andar en la onda punk significaba ser un anti todos y un desafiante del sistema. Hasta el vegetarianismo era una causa filosófica: no comer carne para no lastimar animales, no contribuir con la industria cárnica...como si eso fuese suficiente para detenerla. El punk era ser un tanto ingenuo. Entonces se odiaba el fascismo, el nazismo, la monarquía, la religión católica, toda la política, el capitalismo, la burguesía, se odiaba a España y entonces el socialismo era una especie de aliado al menos en mi pueblo. Porque Tijuana era un pueblo todavía a fines de siglo pasado.
Pero lo mejor que le salía a los punks era el molestar a la sociedad con el aspecto rebelde, con la forma escandalosa de conducirse en sociedad, hablar recio, con las risotadas, bailar el slam a empujones, patadas y codazos unos con otros, ese ruido antimusical de gritos y guitarras distorsionadas y tamborazos de morros pendejos y borrachos que no sabían ni tocar, eran de rayar paredes, fumar mariguana, inhalar solventes, criticar a todo aquel que no era punk y molestar a otros punks. Así era la gente joven sin personalidad propia que se identificaba con la moda punk. Porque era una jodida moda de la antimoda. Cuando se es joven nadie es original. Los punks creaban sus propias mercancías ya que todo en el punk era paradójico y a fin de cuentas se tenía que recurrir al libre mercado capitalista para conseguir dinero y así drogarse, pistear o tragar comida chatarra.
El punk con su inconformidad era una opción para las juventudes de clase baja y media baja, cuando antes existían las clases sociales y no que ahora sólo hay unos pocos ricos y casi toda la mayoría es pobre. Y si antes la dinámica punk era joder a la sociedad pendeja y decadente, ahora es mucho más fácil molestarla. A la sociedad ahora se le molesta siendo un católico de verdad, esto molesta a todos los autodenominados cristianos y hasta a los propios católicos del montón. Hoy basta con mantenerse en forma en el segundo país más obeso del mundo, comer y beber con moderación para molestar a los gordos pobres y apestosos. No disfrutar de la música popular y la gente que la ha escuchado toda su vida de pronto se angustia pues no entiende que haya gente que desprecie la música que tanto disfruta. Los punks de ahora, los reales antisistema, no se tatúan porque ya todo mundo está tatuado.
Los antisistema de hoy no usan drogas porque ya todo mundo anda drogado. No beben porque todos son borrachos y muy pendejos, chillones y dependientes emocionales. Visten decentemente porque todo mundo viste de una forma vulgar. Se bañan, cuidan su imágen. Los solteros no tienen relaciones sexuales. Los casados son fieles. Los verdaderos rebeldes van a misa todos los domingos y a veces hasta entre semana. Molestan sin la decisión de molestar. Molestan por su fe, por su calma, por su seriedad, por su silencio. Los punks de hoy son todo lo contrario a los punks del siglo pasado que además terminaron por adaptarse muy bien al sistema que tanto odiaban. Los punks reales de antes fueron los pendejos que se murieron jóvenes, los que sobrevivieron fue porque dejaron de serlo a tiempo.
Los honrados, los firmes, los honestos, los reales de hoy son los que más molestan a la sociedad actual como los punks podridos de antes ni siquiera pudieron soñar.
Ya lo dijo Johnny Rotten de la piterísima pero icónica banda de los Sex Pistols:
"La izquierda es el sistema, el nuevo punk es la derecha."
El conservador entendió que hay cosas importantes que deben prevalecer en el caos de país que vivimos, ese es el nuevo viejo sentido trascendental porque la autenticidad nunca pasa de moda. Y molestar a la sociedad putrefacta tampoco.
Verdeth