jueves, 2 de julio de 2026

EL BATO CÉLIBE


Es tanto el egoísmo y la hiper aguda conciencia de sí mismas como seres sexuales que hay algo que las mujeres de hoy no pueden soportar: el celibato de los hombres. Porque mujeres célibes voluntariamente sólo las monjas. No tenemos una idea del nivel de repudio que tiene el celibato en la mayoría de las mujeres en edad reproductiva. Cuando la mujer no tiene poder sexual sobre un hombre el juego se le acaba. Se le ha quitado su único y verdadero poder que tiene sobre los hombres: el sexo. Cuando el hombre no lo cree primordial y se abstiene del sexo es la mujer la que ahora en adelante se queda como el perro de las dos tortas. 

Si no es el sexo ¿qué otra cosa tiene la mujer para ofrecerle a un hombre? ¿charlas filosóficas, charlas políticas o complejas discusiones artísticas? ¿Chismes de la farándula o de su vecindario? No creo que la mujer ofrezca mucho más de eso.
Cuerpo, belleza y juventud son su principal activo. Si un hombre en particular no está detrás de ella puede ser que la mujer se quede un poco confundida. Sobretodo cuando un hombre célibe ya ha tenido miles de relaciones sexuales con una o varias parejas es cuando el celibato cobra un mayor sentido. El sexo luego de hacerse muchas veces se vuelve monótono.
Y es que sin sexo la mujer ya no puede asegurar recursos porque ellas están acostumbradas a ser mantenidas, a ser invitadas a salir y a que les paguen todo o les hagan depósitos a su cuenta de banco. Otras más independientes se conforman con que les den amor y les pongan un poco de atención pero ya sin las tensiones sexuales entre hombre célibe y mujer activa ésta pierde el interés y busca desesperadamente quien le haga caso, quien aún la desee. Lo bueno que nunca les faltarán hombres que las quieran poseer aunque estén gordísimas, feas o viejas. Al hombre caliente común y corriente no le importa nada más que meterla.

El placer de dominar a hombres con sexo y de ser deseadas es algo a lo que muy pocas mujeres pueden renunciar. No pueden hacerlo por varios aspectos que van desde lo económico, porque es una realidad que la mujer obtiene cosas por sexo, a veces hasta amor y atenciones y se conforma. Pero el celibato no es algo que aprecien, ni el hombre célibe ni ellas mismas y un posible el cierre de piernas. Se les viene abajo su mundo de dominancia. ¿Qué harán cuando la mayoría de los hombres dejen de buscarlas para tener intimidad? Se volverán más locas capaces de todo. Y bueno, la noticia es que el celibato ha ido aumentando desde el año del caldo a la fecha. Aunque la mayoría de los hombres no piensan en abstenerse de tener relaciones sexuales las mujeres pueden estar tranquilas por ahora. Pero no por mucho tiempo.

El feminismo actual ha contribuido pero bastante en que un creciente porcentaje de hombres haya renunciado al sexo, en otros casos, los menos, es por la conciencia humana de considerar la sexualidad sólo para fines reproductivos con las personas indicadas y no por mero impulso biológico y/o pornográfico de la industria del entretenimiento y de la liberación sexual que lucran con la constante promoción de la humanidad hiper sexualizada, del sexo como el máximo placer en la vida y hacer que el mundo gire alrededor de eso.
Por la misma adicción sexual aún hay millones de hombres que dan todo su ser, su esencia, sus recursos, tiempo, casa, su inteligencia, su dignidad, da autos, joyas, dinero y matrimonio civil y hasta el religioso, porque el hombre común no sabe y no quiere contener sus impulsos sexuales. El hombre ama y quiere exclusividad de su pareja aunque las mujeres sólo se aman a sí mismas y rara vez quieren ya formar una familia, tener hijos y atenerse a un sólo hombre de por vida pudiendo tener a muchos porque el hombre se parte el lomo por su mujer y sus hijos pero es común que las mujeres modernas se aburran o el quedarse con un sólo hombre les estimule muy poco. 
Un hombre que ha renunciado a los placeres carnales se sale del guión femenino de dominación. No saben cómo reaccionar con los hombres que renunciaron al sexo para concentrarse en sí mismos, en sus proyectos, ambiciones, sueños, viajes, metas y llevarlos a cabo sin una mujer porque el sexo ya no es ni será una prioridad para ellos. Esta realidad se refleja en que mujeres jóvenes se quejan amargamente de que los hombres no sólo no las invitan a salir, en antros ya ni siquiera las abordan ni les sacan plática, no les invitan ni una bebida y ni siquiera las sacan a bailar. Los antros y discotecas ahora están preocupados porque los hombres ya no están soltando dinero en sus negocios y las mujeres realmente consumen muy poco. Los tiempos cambiaron, a finales de siglo pasado ir de antros y hacerse de parejas sexuales de una sola noche era lo más común. La industria del sexo amaba esa promiscuidad y comportamientos sexuales por la derrama económica que implicaba. El juego cambió. Ahora ya no hay hombres invitando a salir, ni al motel, ni siquiera a ver películas a su departamento y las mujeres están muy preocupadas. Se les está acabando el mundo que por siglos dominaron con su entrepierna.
Contrario al incel que es involuntariamente célibe por carecer de recursos, habilidades o status, el hombre célibe es el hombre del futuro, es el hombre que encontró la luz interior que ilumina cada uno de sus pasos. El celibato no es para menospreciar a la mujer sino para valorarse y respetarse a uno mismo entendiendo que el sexo, el instinto reproductivo, no es todo en la vida, hay que controlarlo y evolucionar.
El celibato es sanar sin negociar los propios límites. Es seguir creciendo sin distraerse en vínculos que no sostienen, es el reconectar con uno mismo sin ruidos exteriores. Muchos son los llamados pero pocos los elegidos.
El celibato es un don de Dios.

Verdeth









miércoles, 1 de julio de 2026

MUJERES INFELICES

 

Ilustración Verdeth 

 

 

Como han decidido entregar su vida a Dios, las únicas mujeres felices son las monjas porque el resto de mujeres nunca están conformes, no conocen la plenitud, siempre están insatisfechas ya sea en lo íntimo, en lo emocional, en lo económico, en lo social, en su físico; las mujeres que "conozco" siempre están inconformes y a veces son más infelices que yo en mis peores tiempos. A ellas también les duele vivir pero prefieren ocultarlo muy bien. Por ejemplo las prostitutas que siempre deben fingir alegría, gusto, atracción e interés sexual porque de no ser así simplemente no comen. Al calor usan falda y cuando hace frio se ponen pantalones. La mujer que es rica o que su marido que en lo económico le da lo que desea luego se aburre de tenerlo todo, se divorcia, le quita la mitad de todo al marido y se buscan jovencitos, los famosos colágenos, para que les den pa' dentro de ocho días y luego se van quedando sin amigas, después el dinero se acaba y se terminan solas y deprimidas y con una sensación de vacío existencial.


Otras mujeres quieren todo y luchan por tenerlo y una vez que se sienten completas en los individual se casan por capricho y se pasan la vida tratando de volver a su marido un autómata, un hombrecillo obediente a todos sus caprichos de reina del mundo o de superestrella, a veces se salen con la suya, pero en su cara revelan el hastío y frustración de vivir con un hombrucho perro sumiso y obediente, débil y sin carácter al que sólo faltándole al respeto pueden convivir. Las mujeres sin Dios son las más desdichadas y sólo drogadas o borrachas experimentan un poco de placer. Una cosa es una vida modesta, humilde y otra muy diferente es la miseria espiritual de no tener ningún propósito en la vida.
Lamentablemente están son las mujeres más comunes y corrientes hoy en día. 

Para un hombre sensible es preferible vivir soltero en una prisión de Siberia que vivir en pareja con una mujer de estas que porque tienen la infelicidad garantizada, la propia infelicidad y se le suma la infelicidad alrededor. Ya que no persigue una virtud esa mujer debería dedicarse a las artes ocultas, a la brujería, a la estafa o a la extorsión porque no sirven para otra cosa. Muchas mujeres lo intentan, se compran figuras de muerte, hasta se tatúan esos símbolos del mal, sus hijos se vuelven delincuentes, sus hijas se van igual por el mal camino y se amanceban con drogadictos y ladrones y desarrollan todas las enfermedades de transmisión sexual habidas y por haber porque regularmente las hijas se hacen muy parecidas a sus madres y así por generaciones que sólo van tejiendo la infelicidad familiar que se refleja en lo colectivo en una condición social que es difícil de cambiar o más bien que es imposible y que hay que aprender a asimilar con el paso del tiempo y mientras la luna siga paseándose encima de nosotros y hasta que el sol se eche un clavado al mar y acabe con todo de una buena vez.

Invítame un café.



Verdeth