jueves, 6 de agosto de 2026

MI NUEVA NOVIA



La gente simplemente había dejado de ir a los eventos musicales. Pero yo tenía que trabajar como técnico de sonido en una tocada de rock. Esa noche era muy importante para mí ya que mi nueva novia y yo tendríamos intimidad por primera vez. Me fascinaba mi nueva novia por bella, por pequeña, por su piel tan blanca como la leche y su cabello rubio cortito; pero lo que más sobresalía en ella eran sus enormes senos que provocaban miradas fijas en propios y extraños y que yo ya quería besar, chupar y jugar con ellos. Eran tan grandes sus tetas que mi  novia tenía que hacer un gran esfuerzo para no encorvarse e irse de bruces y por esa misma razón se la pasaba la mayor parte del tiempo recostada en su cama o en un sillón. Lo sabía desde la primera vez que la vi en facebook cuando me cautivaron sus ojos color miel y sus enormes chichis que se notaban en la mayoría de las selfies que se hacía. Ella fue de las pocas personas que asistieron al concierto de rock; tampoco a ella le gustó el evento. Nos vimos una vez que ya todo había terminado y nos fuimos besando todo el camino hasta encontrar mi carro en el aparcamiento. Como no recordaba en donde lo había dejado estacionado buscábamos y nos besábamos entre los carros casi sin ver alrededor. Al querer abrir un carro que no era el mio sonó una escandalosa alarma. 

 Había poca luz artificial, la noche, nuestra noche, se había cubierto ya de neblina y yo casi no abría los ojos entre beso y beso y sólo sentía su lengua como buscando la mía. Soy un romántico. Con una sola mano solté su sostén y su blusita de cuello ancho fue muy fácil subírsela casi toda de un manotazo. Y aquellos hermosos senos que sólo había visto cubiertos en fotos se presentaron ante mí, tibios y tiernos. Yo los besé y los recorrí con mi lengua absorbiendo su aroma ligeramente perfumados. Fue que no aguantando más y aprovechando la neblina busqué rápidamente un lugarcito entre dos carros más adelante había césped y arboles. Me quité la camiseta negra de Misfits y la tendí para que ella se recostara y le bajé el short de mezclilla y de una buena vez le quité sus sandalias que guardaban un hermoso par de pies tan pequeños como de niña de nueve años. Por último le deslicé la tanga color negro y fue cuando percibí el dulce aroma de su sexo. Ella había estado casada antes así que no tenía a una virgen entre mis brazos pero ahora ella era toda mía y para mí nomas. Me disponía a saborearla antes de penetrarla, como es mi costumbre, viva el rock and roll, pero luego escuché unos ruidos muy extraños probablemente los hacía alguien que nos miraba -pensé- Mi novia decía que no hiciera caso que continuara besándola pero en realidad yo ya había perdido toda la concentración. Sin camiseta y abrochando de nueva cuenta mi pantalón me levanté buscando de donde provenían esos ruidos. Mi pequeña y hermosa novia se molestó cruzando sus brazos, cubriendo su pecho y haciendo muecas. Los ruidos venían de una van destartalada como a veinte metros de distancia. Eran muchos niños que lloraban desesperadamente. Caminé un par de calles fuera del estacionamiento y entre las malezas escuché ruidos de patas de animales y jadeos. 

Eran como ocho perros pastor alemán que olfateaban el suelo en busca de algo. Al verme escuché una voz en mi mente que me dijo: apártate de nuestro camino, gordo...esto no te incumbe. Y corrieron todos los perros con dirección a donde estaba mi novia semidesnuda y yo fui temeroso atrás de ellos, aunque no tan veloz. La neblina me impedía ver por donde pisar. 

Paso de nuevo por la van destartalada y las voces de los niños ya no se oían. Le grité a mi novia y al llegar al lugar donde la había dejado sólo estaba su ropa pero ella no. Grité y grité su nombre muy desesperado y confundido pero ella no me contestó. Los perros corrían como locos por todo el estacionamiento. Seguí corriendo detrás dela manada de perros yo con la lengua de corbata. A cada paso que daban la neblina se esparcía y se podía ver un poco alrededor. Y entonces los perros volvieron cerca de donde estábamos mi novia y yo y vi que todos perseguían y mordisqueaban a un conejo blanco que no sangraba a pesar de las brutales mordidas que recibía y ademas defendiéndose y esquivando hábilmente los ataques y respondiendo con fuerza y ferocidad. Por fin tenían los perros al conejo panza arriba a punto de ser devorado cuando detrás les salió un enorme gato amarillo que defendió al conejo atacando a los perros salvajemente, tanto, que cada perro tenía que huir llorando por las heridas que les provocaban los zarpazos y mordidas del felino. El gato era mucho más grande que los perros ya todos revolcados y heridos decidieron huir. Después el gato amarillo se acercó al conejo moribundo o en shock, qué se yo, y se puso a lamerlo. El gato tenía un trapo blanco en su cuello. Me miró fijamente con sus ojos color miel que brillaban como luces de bengala. Tomó al conejo blanco del cuello como si fuera su cría y ambos se perdieron entre la neblina ahora tan densa que se devoró la luna.